Solitude is fine but you need someone to tell that solitude is fine.
Honoré de Balzac
I feel lost in the city es esa frase de yes que tanto canté en mi adolescencia. Hoy desearía poder cantarla con la misma fuerza como también necesito caminar hasta perderme entre personas. Todos los días imagino que viajo en el subte y me quejo viendo al que se hace el gil cerrando los ojos cuando ve un bebé en brazos o un viejo imposibilitado mientras averiguo cómo respirar en la línea B. A veces pienso que bailo con mis amigos y tomamos mate en el auto a las 5 de la mañana. Otras, veo que te dormís en mis piernas y con eso basta para sonreír. Proyecto a mis sobrinos corriendo en el patio con los cachetes manchados de gaseosa. Las pisoteadas en baldosa retumban en todos los rincones de la casa.
Lo más parecido a una ciudad que tengo ahora es mi mente pero ahí me encuentro completamente sola. ¿Cómo es que con 24 años necesito porro o vino para olvidar lo que tanto añoro? ¿Por qué es que no quiero transitar estos azules, estos matices? ¿Qué es esto de evitar mi búsqueda personal? ¿Por qué me engaño si tanto me repito querer alcanzar la felicidad siendo consecuente a mis principios?
Yo no sé si este nicho de individualidades servirá de algo. Trato de convencerme a cada rato que sí. Hasta imagino el encierro en sus peores formas: trincheras, centros clandestinos, cámaras de gas. ¿cómo define el tiempo aquel que sufrió tal condena? En algún giro, el destino fue amable con mi presente.
Extraño a las personas. Me parecen otras. Yo soy otra. Me doy cuenta que sin mi gente no soy algo que me divierta tanto.
Me busco en esta culpa que quiere teorizar sobre la productividad y los afectos. Me doy cuenta que tengo derecho a estar triste. Y si estar triste con el alma en pena y el estómago lleno es un privilegio, sepan disculpar.