-

lunes, 31 de agosto de 2020

En Iruya

Hay un hospital para los enfermos,
Tres capillas para rezar,
Dos perros cruzando el puente


Hay un planetario abierto
En la cima del pueblo
Donde el cóndor
Desarma las nubes

Hay un cementerio de colores
Desde allí también se ven
Las cosechas de estación


Hay un beso en el rincón de siempre
Y su cómplice timidez.
Al costado del puente,
La lluvia moja la cancha
Y un partido infinito.


En Iruya, el tiempo vive en perpetua calma de sí mismo.
El tiempo es una ausencia y el vuelo de un pájaro a la vez,
Que conoce la gota de San isidro,
Que sabe de su noche y sueño


y con toda la fuerza del río,
La montaña abre su fuente.

domingo, 16 de agosto de 2020

 Al arrancar un árbol de raíz, 

Una parte nuestra también muere

Para entrar en descomposición

Junto a otros elementos.

sábado, 18 de julio de 2020

Cada uno se va como puede,
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano,
unos con la cédula de identidad en el bolsillo,
otros en el alma,
unos con la luna atornillada en la sangre
y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos. 
Cada uno se va aunque no pueda,
unos con el amor entre dientes,
otros cambiándose la piel,
unos con la vida y la muerte,
otros con la muerte y la vida,
unos con la mano en su hombro
y otros en el hombro de otro.
 Cada uno se va porque se va,
unos con alguien trasnochado entre las cejas,
otros sin haberse cruzado con nadie,
unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino,
otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire,
unos sin haber empezado a vivir
y otros sin haber empezado a vivir.
 Pero todos se van con los pies atados,
unos por el camino que hicieron,
otros por el que no hicieron
y todos por el que nunca harán.




Roberto Juarroz (Poesía vertical, 1958)

jueves, 16 de julio de 2020

Hallé un fragmento de cristal
de una copa rota,
arena silícea
fundida a temperaturas
imposibles

y por el pasa
un rayo del sol,
y el campo sinfín

será que a nosotros también
el mundo nos arroja
a las fiebres más elevadas,
para que en alguna conjunción
Volvamos a los lugares
Donde nos desarmamos 
Para reencontrarnos 
Y así, vulnerables pero sólidos,
nos atraviese cierta luz

sábado, 27 de junio de 2020

Cada gesto tuyo me acompaña aunque no estés y ya no pueda buscarte en los pequeños momentos de belleza.
 Mi memoria es un elástico que crece y vuelve a su origen. Te encuentra al comienzo del día, sin noticias. Te encuentra por la noche, sin noticias. Sin poder hablarte. Sin deber hablarte y si de casualidad abrazo una excusa para enojarme con vos, se desvanece. Sin vueltas de hilo. Al final del día y al principio, para mí al menos, es lo mismo.

Dormir

Desaparecer: así se verbaliza el sueño. Yo quiero desaparecer, cuando estoy muerta en vida, cuando parezco un fantasma.
La caída me duele y la almohada no me alcanza. Sé que voy a descansar pero le temo a ese tiempo ajeno que transcurre al cerrar las ventanas de mi pensamiento.
Todo lo que se escapa de mis manos, de mi control. Cuando desaparezco soy un recuerdo que olvido a cada segundo.


lunes, 8 de junio de 2020

2 de agosto de 2019 y otras yerbas del año pasado


Tu voz es una caricia que se perdió en mi memoria.
¿no es acaso el duelo un profundo entierro que florece?


no puedo negar que estaba en offside
que ese gol no fue
por una línea invisible
que quise ignorar
pero
voy a cabecear los días
y esquivar las patadas por las noches
corriendo sobre barro, escarcha y pasto
porque la pelota nunca dejó de girar
y el árbitro no es dios sino otro que lo mira.

miércoles, 15 de abril de 2020

Solitude is fine but you need someone to tell that solitude is fine.

Honoré de Balzac


I feel lost in the city es esa frase de yes que tanto canté en mi adolescencia. Hoy desearía poder cantarla con la misma fuerza como también necesito caminar hasta perderme entre personas. Todos los días imagino que viajo en el subte y me quejo viendo al que se hace el gil cerrando los ojos cuando ve un bebé en brazos o un viejo imposibilitado mientras averiguo cómo respirar en la línea B. A veces pienso que bailo con mis amigos y tomamos mate en el auto a las 5 de la mañana. Otras, veo que te dormís en mis piernas y con eso basta para sonreír. Proyecto a mis sobrinos corriendo en el patio con los cachetes manchados de gaseosa. Las pisoteadas en baldosa retumban en todos los rincones de la casa.
Lo más parecido a una ciudad que tengo ahora es mi mente pero ahí me encuentro completamente sola. ¿Cómo es que con 24 años necesito porro o vino para olvidar lo que tanto añoro? ¿Por qué es que no quiero transitar estos azules, estos matices? ¿Qué es esto de evitar mi búsqueda personal? ¿Por qué me engaño si tanto me repito querer alcanzar la felicidad siendo consecuente a mis principios?
Yo no sé si este nicho de individualidades servirá de algo. Trato de convencerme a cada rato que sí. Hasta imagino el encierro en sus peores formas: trincheras, centros clandestinos, cámaras de gas. ¿cómo define el tiempo aquel que sufrió tal condena? En algún giro, el destino fue amable con mi presente.
Extraño a las personas. Me parecen otras. Yo soy otra. Me doy cuenta que sin mi gente no soy algo que me divierta tanto.
Me busco en esta culpa que quiere teorizar sobre la productividad y los afectos. Me doy cuenta que tengo derecho a estar triste. Y si estar triste con el alma en pena y el estómago lleno es un privilegio, sepan disculpar.

sábado, 1 de febrero de 2020

Me quejo de tener que caminar estando tan llena cuando de pronto miro a los que están caminando teniendo que pedir comida.