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martes, 15 de febrero de 2022

Minicuento: un día

 Los calendarios siempre captaron mis atención. Me causa fascinación que se puedan ordenar los ciclos de maneras tan creativas. El calendario Maya, el egipcio, el del bazar chino, el que te regalaban a fin de año en la verdulería del barrio. Mil formas, colores, formatos y texturas. Mil maneras de entender sistemáticamente el presente.

Cada vez que visitaba una casa y veía uno, deseaba con ansias llegar hasta el final, como si después de la última hoja me esperara algo más. No sé, tal vez, era una manera de sorprenderme o esperaba encontrarme en una última hoja extra por error, un número de mes impar. No lograrlo me producía encanto y confusión.
Un día, me di cuenta que mi hermana conservaba uno por un solo motivo: las fotografías de lobos en lugares que jamás podríamos visitar. Porque solo los lobos saben vivir en ese espacio: la imposibilidad de estar ahí me hacía mirar las imagenes todos los días, fantaseando acariciar a estas bestias. Puedo tocar la nieve, la que ahí cae y es.
Se lo regalaron en el 2001: un año memorablemente triste, hambriento de esperanza.
En el 2004 se lo robé y anoté fechas de cumpleaños de mis compañeros de colegio y otras personas que consideraba importantes. Creo que solo las recordaba para llegar a casa y escribirlos en el número indicado y, en efecto, el día de la semana incorrecto. No importa, porque hay un lobo que protege estas 4 semanas. No hay día equivocado. Solo quería saber qué especie le tocaba a cada uno, ¿sería la foto del lobo bebé durmiendo? ¿O la del adulto acechando su presa?
Quería completar las hojas y saber que teníamos durante nuestro aniversario de nacimiento un recuerdo de algo que no conocemos y a su vez, es precioso bajo una forma que traspasa el ahora. Casi una reminiscencia. Y además existe, porque en mi mente aparece de vez en cuando una madre alimentando a su cría, un pequeño corriendo y corriendo bajo el sol, y el aullido que se expande hasta las estrellas.

To fall in love

 Quiero saber como

Entienden los frutos
el momento exacto
De entregar su centro

Quiero saber qué es ser
Un solo fruto
Y caer unos segundos

Contemplar vientos, tormentas,
sostenerme en mi lugar,
Y conocer mi perfume;

La naturaleza
También cae
Y admiro los capullos
Abriéndose, suspendidos

Y yo caigo:
Cuando te veo
siento todo
El abrazo del bosque

Respiro el verde,
El cielo, los nogales,
el tiempo
Cayendo



Los otros

 En vez de atar tus palabras

 apuntarte con mi juicio

Me gustaría caer hacia dentro.

En guardia, a veces
me quejo de la soledad que ocurre
Cuando observo las cavidades de mi trinchera

Pensar en frío es arma de doble filo
tácticas, razonamientos,
Camino
Sobre un campo de batalla invisible

Y la idea que invade mi libertad
Es el bombardeo más profundo

Ahora sé que no ato tus palabras,
La palabra me ata y estoy
A la sombra del pasado

Intentando cruzar al otro lado del pensamiento,
es que yo quiero ver el mar.