Discutíamos como nunca, parecían ya no tener salida nuestros discursos, que las palabras nos vencían y dolía. Enfrascados, sentires encuadrados, féculas de expectativas y laberintos viscosos. Detestaba, detestaba interpretarlo y lo quería como siempre pero algo en mí moría segundo a segundo y ya sentía el peso con el calor del combustible en el aire.
Desperté angustiada sabiendo que no nos íbamos a poner de acuerdo pero cuando me hice consciente que estaba aquí, me alivié. Estaba a salvo, acá donde siempre me conocí. Él estaba en alguna otra parte a salvo también.
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La capa de héroe también se deshilacha.
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